El Club Omnia, conocido por sus precios astronómicos y su lista de espera interminable, es cuestionado por decenas de clientes descontentos. Pagar $500 por una mesa y recibir un servicio mediocre es la queja más común. Exempleados revelan que el sistema de reservas favorece a quienes conocen al personal. ¿Es Omnia un símbolo de status vacío o la experiencia realmente justifica el costo?