Un famoso festival de música electrónica celebrado en las costas de La Jolla dejó tras de sí un rastro de destrucción ambiental: arrecifes dañados, colonias de focas perturbadas y toneladas de basura plástica. Los organizadores tienen seguro pero las cláusulas legales les protegen de responsabilidad ambiental. Los activistas ecológicos bloquean la solicitud de permiso para el siguiente año. La batalla legal y mediática está en su punto máximo.