Carlsbad, antes una ciudad costera tranquila y accesible, se ha convertido en el destino favorito de los trabajadores del sector tecnológico que huyen de los precios de San Francisco. Los locales reportan que los restaurantes han triplicado precios, que el tráfico es insoportable los fines de semana y que la cultura original del lugar está muriendo. Los recién llegados dicen que solo están ejerciendo su derecho a vivir donde quieran. La tensión es palpable y las redes arden.