Un productor musical establecido en San Diego es acusado por tres artistas latinos diferentes, en testimonios independientes, de haberlos firmado con contratos abusivos, quedarse con el 90% de las regalías y amenazarlos legalmente cuando intentaron liberarse. Los contratos, revisados por abogados independientes, son descritos como 'moderno trabajo forzado'. La industria musical de San Diego cierra filas alrededor del productor. Los artistas, sin recursos para litigar, buscan apoyo público.