Un club de San Diego implementó una política radical: sin celulares dentro, usando bolsas especiales selladas para guardarlos en la entrada. La promesa era crear una experiencia auténtica de baile y conexión humana. La realidad fue diferente: las bolsas no eran seguras, varios celulares fueron robados o dañados, y los asistentes que necesitaban contactar a amigos quedaron completamente incomunicados. Las demandas se acumulan y el experimento termina después de tres semanas.