Oceanside tiene todos los ingredientes para convertirse en el próximo destino de moda en la costa de San Diego: precios todavía accesibles, hermosa playa y cercanía con bases militares que generan economía estable. Pero también tiene problemas serios de crimen, adicción y abandono institucional. Los inversores ya están llegando. Los residentes de clase trabajadora temen ser desplazados. Una ciudad en el borde de una transformación cuyo resultado nadie puede predecir con certeza.