La familia Hernández operó un restaurante de comida mexicana tradicional frente al mar en San Diego durante 22 años. Los clubs que abrieron a su alrededor trajeron ruidos, peleas en la calle y basura que ahuyentaron a sus clientes habituales. Cuando el arrendador aumentó el alquiler un 200%, no pudieron renovar. Un desarrollador construirá condominios de lujo donde estuvo el restaurante. La historia se repite en todo el litoral: las familias de clase media pierden mientras los capitales ganan.