El verano pasado, durante dos semanas, un grupo inusualmente grande de ballenas azules se acercó a la bahía de San Diego en lo que los científicos describen como un evento histórico posiblemente relacionado con el cambio en las corrientes oceánicas. La cobertura mediática fue mínima porque todos los medios estaban cubriendo el escándalo del club cerrado por drogas. Una reflexión sobre las prioridades informativas de una ciudad que prefiere el escándalo humano al milagro natural.