San Diego tiene mejor clima que el desierto de Palm Springs donde se realiza Coachella, tiene millones de habitantes y turistas, y tiene una escena musical vibrante. Sin embargo, nunca ha logrado crear un festival de escala comparable. Insiders revelan que cada vez que un promotor ha intentado organizar algo así, una combinación de burocracia municipal, intereses hoteleros que temen la competencia y falta de apoyo político lo ha bloqueado. El dinero que San Diego pierde cada año es incalculable.