Cada 31 de octubre, Pacific Beach se transforma en lo que residentes y comerciantes locales describen como 'una zona de guerra': miles de personas disfrazadas, borrachas, que generan niveles de violencia, vandalismo y caos que desbordan la capacidad policial. El año pasado hubo 47 arrestos y daños materiales por $200,000. Los comerciantes piden que se cancele o reubique. La ciudad dice que no puede prohibir que la gente salga a la calle. Un problema sin solución que se repite cada año.