El evento de salsa más esperado del año en San Diego, con 2000 asistentes, sufrió un fallo total del equipo de sonido a los 20 minutos de haber comenzado. En vez de irse, los músicos sacaron instrumentos acústicos del carro, los bailarines empezaron a cantar, y lo que comenzó como un desastre técnico terminó siendo la noche más auténtica y memorable de la historia reciente de la escena salsera de San Diego. Un video de la improvisación lleva meses circulando como símbolo de resiliencia cultural.