Esta es una historia para leer esta noche, con las luces encendidas. Pero antes de las sombras, los hechos: todo lo que sigue en la primera parte está documentado en crónicas de la época y en la historia del Hotel del Coronado. Lo que la gente dice haber visto después va en su propia sección, atribuido a quienes lo reportan. Porque la historia de Kate Morgan ya es lo suficientemente misteriosa sin inventarle nada.

Lo documentado: noviembre de 1892

El Hotel del Coronado había abierto en 1888, un palacio victoriano frente a la playa de Coronado. El 24 de noviembre de 1892, día de Acción de Gracias, llegó una joven sola, sin equipaje, pálida y hermosa. Se registró con el nombre de "Lottie A. Bernard". Dijo tener 24 años.

Durante su estancia, la joven parecía disfrutar a ratos del hotel —algunos la vieron pasear a caballo y tomar cócteles—, pero quienes la trataron notaron que estaba melancólica. Contó historias distintas sobre su salud: a unos les dijo que tenía un cáncer de estómago sin esperanza; a otros, una enfermedad del corazón; también mencionó neuralgia y dijo que su hermano vendría pronto a tratarla. No tenía hermano. En algún momento, según el San Diego Union-Tribune, exclamó: "¡Oh, ya nadie viene a verme!"

El día antes de su muerte fue al pueblo, donde varios comerciantes notaron su paso débil y lento. Compró un revólver American Bulldog calibre .44 y dijo que era un regalo de Navidad para un amigo. Pagaba $3.80 al día, comidas incluidas.

La noche del 28 de noviembre, testigos la vieron en una escalera exterior de madera del hotel, frente a la playa, vestida de negro con un chal de encaje. A la mañana siguiente, el 29 de noviembre de 1892, el electricista del hotel encontró su cuerpo: una herida de bala en la sien derecha y el revólver a pocos centímetros de su mano derecha extendida. El cuerpo estaba mojado por la lluvia, rígido y frío.

Su muerte se dictaminó suicidio. Con el tiempo se estableció su identidad real: se llamaba Kate Morgan. Y con los años surgieron dudas: varias crónicas señalan que el calibre de la bala que la mató supuestamente no coincidía con el arma hallada junto a ella. Esa discrepancia es un reporte repetido en crónicas posteriores, no un hecho establecido por una investigación concluyente. El misterio, a más de 130 años, sigue sin resolverse del todo.

Lo que la gente dice haber visto después

Aquí empieza la otra historia: la que cuentan huéspedes y personal del hotel desde hace más de un siglo. Todo lo siguiente son REPORTES atribuidos, no hechos probados.

Se dice que Kate Morgan nunca dejó el hotel. Huéspedes han reportado luces que parpadean sin explicación, puntos fríos repentinos en habitaciones y pasillos, y un aroma a perfume que aparece de la nada. Algunos afirman haber visto a una mujer vestida de época —de negro o de blanco, según el relato— en los pasillos, junto a una ventana o en la escalera donde murió. Otros reportan pasos en habitaciones vacías y televisores que se encienden solos.

La habitación que ocupó Morgan, la 302 de entonces, hoy es la 3327 tras una renumeración del hotel. Es, según reportes del propio hotel y de la prensa, la habitación más solicitada por los huéspedes. Algunos la piden esperando encontrarse con la "Dama de Blanco" o la "Bella Desconocida", como la llaman. Otros, simplemente, por dormir en la habitación con más historia del hotel.

Por qué la historia de Kate Morgan no se apaga

Hay fantasmas que se olvidan y hay historias que no. La de Kate Morgan pertenece a las segundas porque mezcla todo lo que nos obsesiona: una mujer joven y sola, un nombre falso, un hotel hermoso, una muerte violenta y una pregunta sin respuesta. Cada noviembre, cerca del aniversario de su muerte, los reportes —reales o sugestionados— se multiplican. El hotel, que nunca ocultó la historia, convive con ella: la cuenta en sus recorridos y la habitación 3327 sigue siendo la más pedida.

Lo cierto es que Kate Morgan existió, que llegó sola al Hotel del Coronado un día de Acción de Gracias de 1892, que murió de un disparo en una escalera frente al mar y que nadie sabe con certeza qué pasó en sus últimos días. Lo demás —las luces, el perfume, la mujer de la escalera— es lo que la gente dice haber visto. Y en una noche de Halloween, con las luces encendidas, eso basta para no dormir del todo tranquilo.

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El Hotel del Coronado alrededor de 1900

El Hotel Cosmopolitan en Old Town, San Diego

Foto 1: William Henry Jackson / Wikimedia Commons (dominio público). Foto 2: Bignoisybird / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).